navegando a la deriva

Latitud desconocida

Noviembre 27th, 2008 a las 17:27

Elderflower

Belvoir Pressé Elderflower

Estoy totalmente convencido de que si los Dioses del Olimpo hubieran conocido el “agua de flores” el protagonismo del néctar en la mitología griega hubiese pasado a ser una simple anécdota que se habría perdido en el tiempo sin que hubiéramos conocido su existencia a favor de esta exquisitez que elabora la compañía inglesa Belvoir.

Es difícil intentar plasmar con palabras las sensaciones que me produce disfrutar de una botella de Elderflower, pues pese a ser una bebida no sólo estimula el paladar; destapar una botella es viajar a un inmenso jardín repleto de flores sin necesidad de moverte de donde estás… ni de cerrar los ojos.

De las distintas variedades, Pressé es el tipo de bebida que recomiendo, pues viene ya mezclada con agua con gas en la proporción justa, a diferencia de las otras variantes, que son concentrados para mezclar con agua. Disponible en 25 y 75 cl, ambas en botella de cristal. .

Si vas a Inglaterra o tienes la suerte de poder encontrarla no dejes pasar la oportunidad de probarla, pese a mi advertencia sobre su adictiva sensualidad.

Sírvase bien fría, y sin hielo.


…ha sido simplemente un día más en nuestro periplo a la búsqueda de tesoros.

Captain Bryant.

Noviembre 27th, 2008 a las 0:39

Dualitea [logo - isométrica]

Dualitea logo

Noviembre 24th, 2008 a las 5:57

El club Dumas [extracto]

Anochecía cuando Corso llegó a su casa, sintiendo el doloroso latido de la mano magullada en el bolsillo del gabán. Fue al cuarto de baño, recogió del suelo el pijama arrugado y una toalla, y mantuvo la muñeca cinco minutos bajo un chorro de agua fría. Después abrió un par de latas en conserva para cenar de pie, en la cocina.

Había sido un día extraño, y peligroso. Reflexionaba sobre ello, confuso por la sucesión de acontecimientos, aunque con menos inquietud que curiosidad. Desde tiempo atrás, su actitud ante lo inesperado se reducía al desapasionado fatalismo de quien espera que la vida le dé el siguiente paso. Esa ausencia de compromiso, esa neutralidad ante los acontecimientos, excluía todo protagonismo. Hasta aquella mañana en la callejuela de Toledo, su papel había sido siempre de ejecutor. Las víctimas eran otros. Cada vez que mentía o negociaba con alguien, el hecho se producía de modo objetivo, sin nexo moral con las personas o cosas que eran sólo materia de su trabajo. Lucas Corso quedaba al margen, mercenario no comprometido salvo en el beneficio formal; tercer hombre indiferente. Quizás esa actitud le permitió sentirse siempre a salvo, del mismo modo que, cuando se quitaba las gafas, las personas y objetos lejanos se diluían en contornos imprecisos, desenfocados, cuya existencia podía ignorar al privarlos de su envoltura formal. Ahora, sin embargo, el dolor concreto en la mano lastimada, la sensación de amenaza, dispuesta a irrumpir en su vida con violencia específica de la que él, y no otros, era objeto, sugerían inquietantes cambios en el panorama. Lucas Corso, que tantas veces ofició como verdugo, no tenía el hábito de considerarse víctima de nadie. Y eso lo desconcertaba.

Además del dolor en la mano, sentía los músculos crispados por la tensión y la boca seca. Así que destapó una botella de Bolls y buscó aspirinas en su bolsa de lona. Siempre llevaba una buena provisión encima, con los libros, lápices y bolígrafos, libretas de apuntes a medio llenar, navaja suiza de múltiples usos, pasaporte y dinero, una abultada agenda telefónica y libros propios y ajenos. Con eso podía, en todo momento, desaparecer sin dejar nada tras de sí, igual que un caracol con su concha. Aquella bolsa le ayudaba a improvisar una casa, un lugar de residencia en cualquier sitio a donde lo condujese el azar o sus clientes: aeropuertos, estaciones de ferrocarril, polvorientas librería europeas, habitaciones de hotel fundidas en su recuerdo cual una sola estancia de límites cambiantes, con despertares desprovistos de referencia, sobresaltado en la oscuridad, buscando el interruptor de la luz para tropezar con el teléfono, desorientado y confuso. Momentos en blanco arrancados a la vida y a la consciencia. Nunca estaba muy seguro de nada, ni de sí mismo, al abrir los ojos, durante los primeros treinta segundos, cuando el cuerpo amanecía con más rapidez que el pensamiento o la memoria.

Extracto de la novela “El club Dumas” escrita por Arturo Pérez-Reverte.

Noviembre 24th, 2008 a las 4:59

You are my lucky star

in: General

Sirva este post para poner en aviso a todos aquellos hombres románticos y no versados en astronomía sobre una estafa bastante extendida gracias a las películas de genero romántico y de la que, por desgracia (y falta de investigación), sigue habiendo felices víctimas.

La IAU (siglas de International Astronomical Union, en español Unión Astronómica Internacional) es tajante en su veredicto: no se puede comprar una estrella ni su nombre.

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Noviembre 23rd, 2008 a las 15:08

I can see

Jazzanova: “I can see” feat. Ben Westbeech.

Album “Of all the things” [2008 Verve Records / Sonar Kollektiv Records GmbH].

Noviembre 23rd, 2008 a las 13:13

The last knit

Copyright: 2005, Anima Vitae

Noviembre 14th, 2008 a las 1:29

Frank Simpson [autorretrato]

Frank Simpson

Noviembre 12th, 2008 a las 22:18

Stefan G. Bucher: creador de monstruos

Los miembros de mimoZine digital magazine realizan una entrevista al diseñador e ilustrador Stefan G. Bucher.

Resulta asombroso contemplar como empleando muy poco tiempo y mucha creatividad da vida a sus “monstruos”.

El proyecto, Daily Monster, es una apuesta personal bastante arriesgada: crear cada día la ilustración de un monstruo.

Para el disfrute de los amantes de las ilustraciones y la más insana envidia de los faltos de creatividad, el autor ha estado colgando a diario un vídeo en su web en el que se puedan admirar la creación de la terrorífica “criatura”.

Se ha editado un libro con los primeros 100 monstruos, al irrisorio precio de 19,99 $ (se puede encontrar en España en algunas librerías especializadas en publicidad y diseño). El libro, por si todavía no tenías claro que es una buenísima compra, incluye un DVD en el que aparecen los ya mencionados videos, 700 historias y contenido extra.

Yo ya he encargado mi copia del libro, ¿y tú? En la tienda de la página web se puede comprar incluso un dibujo original del autor… ya sé que me voy a regalar estas Navidades.

Noviembre 3rd, 2008 a las 10:43

El hombre terminal, por Michael Crichton

En 1972, con 30 años y después de haber publicado dos novelas,  Michael Crichton publicó la novela “The terminal man”.

El argumento trata sobre el intento por parte de la medicina de curar a un enfermo de epilepsia psicomotora, enfermedad que se manifiesta mediante repentinos e inexplicables ataques de violencia. Tras años de investigación, los responsables del proyecto encuentran al candidato perfecto, Harry Benson, para llevar a cabo una operación realizada hasta el momento sólo en animales. La intervención consiste en colocar en el paciente un micro-ordenador que detecta cuando se va a producir un ataque violento y contrarrestarlo mediante la generación estímulos eléctricos en el cerebro del sujeto. Como era de esperar por el lector, los resultados no son los que debieran.

La historia es creíble gracias a la facultad que caracteriza a este autor por documentar de manera exhaustiva sus trabajos y hacer que parezcan factibles. Los personajes resultan bastante planos, y parecen ser tratados como accesorios de la trama argumental, la cual es simple y lineal, y con un desenlace totalmente predecible.

Se lee muy rápido, gracias a (o por culpa de) la prosa de Crichton. El final del libro es brusco y no hace más que confirmar el presentimiento de que el libro te iba a dejar un mal sabor de boca.


Siempre tuve pocos amigos, y casi ninguno de ellos, salvo ocasiones excepcionales, me acompañó en alguno de mis viajes; aprendí a valorar, para lo que no me hizo falta pasar muchas páginas, la compañía de un buen libro.

Captain Bryant.

Octubre 26th, 2008 a las 12:59

El Diablo y el relojero [relato], por Daniel Defoe

Vivía en la parroquia de St. Bennet Funk, cerca del Royal Exchange, una honesta y pobre viuda quien, después de morir su marido, tomó huéspedes en su casa. Es decir, dejó libres algunas de sus habitaciones para aliviar su renta. Entre otros, cedió su buhardilla a un artesano que hacía engranajes para relojes y que trabajaba para aquellos comerciantes que vendían dichos instrumentos, según es costumbre en esta actividad.

Sucedió que un hombre y una mujer fueron a hablar con este fabricante de engranajes por algún asunto relacionado con su trabajo. Y cuando estaban cerca de los últimos escalones, por la puerta completamente abierta del altillo donde trabajaba, vieron que el hombre (relojero o artesano de engranajes) se había colgado de una viga que sobresalía más baja que el techo o cielorraso. Atónita por lo que veía, la mujer se detuvo y gritó al hombre, que estaba detrás de ella en la escalera, que corriera arriba y bajara al pobre desdichado.

En ese mismo momento, desde otra parte de la habitación, que no podía verse desde las escaleras, corrió velozmente otro hombre que llevaba un escabel en sus manos. Éste, con cara de estar en un grandísimo apuro, lo colocó debajo del desventurado que estaba colgado y, subiéndose rápidamente, sacó un cuchillo del bolsillo y sosteniendo el cuerpo del ahorcado con una mano, hizo señas con la cabeza a la mujer y al hombre que venía detrás, como queriendo detenerlos para que no entraran; al mismo tiempo mostraba el cuchillo en la otra, como si estuviera por cortar la soga para soltarlo.

Ante esto la mujer se detuvo un momento, pero el hombre que estaba parado en el banquillo continuaba con la mano y el cuchillo tocando el nudo, pero no lo cortaba. Por esta razón la mujer gritó de nuevo a su acompañante y le dijo:

—¡Sube y ayuda al hombre!

Suponía que algo impedía su acción.

Pero el que estaba subido al banquillo nuevamente les hizo señas de que se quedaran quietos y no entraran, como diciendo: «Lo haré inmediatamente».

Entonces dio dos golpes con el cuchillo, como si cortara la cuerda, y después se detuvo nuevamente. El desconocido seguía colgado y muriéndose en consecuencia. Ante la repetición del hecho, la mujer de la escalera le gritó:

—¿Que pasa? ¿Por qué no bajáis al pobre hombre?

Y el acompañante que la seguía, habiéndosele acabado la paciencia, la empujó y le dijo:

—Déjame pasar. Te aseguro que yo lo haré —y con estas palabras llegó arriba y a la habitación donde estaban los extraños.

Pero cuando llegó allí ¡cielos! el pobre relojero estaba colgado, pero no el hombre con el cuchillo, ni el banquito, ni ninguna otra cosa o ser que pudiera ser vista a oída. Todo había sido un engaño, urdido por criaturas espectrales enviadas sin duda para dejar que el pobre desventurado se ahorcara y expirara.

El visitante estaba tan aterrorizado y sorprendido que, a pesar de todo el coraje que antes había demostrado, cayó redondo en el suelo como muerto. Y la mujer, al fin, para bajar al hombre, tuvo que cortar la soga con unas tijeras, lo cual le dio gran trabajo.

Como no me cabe duda de la verdad de esta historia que me fue contada por personas de cuya honestidad me fío, creo que no me dará trabajo convenceros de quién debía de ser el hombre del banquito: fue el diablo, que se situó allí con el objeto de terminar el asesinato del hombre a quien, según su costumbre, había tentado antes y convencido para que fuera su propio verdugo. Además, este crimen corresponde tan bien con la naturaleza del demonio y sus ocupaciones, que yo no lo puedo cuestionar. Ni puedo creer que estemos equivocados al cargar al diablo con tal acción.

Nota: No puedo tener certeza sobre el final de la historia; es decir, si bajaron al relojero lo suficientemente rápido como para recobrarse o si el diablo ejecutó sus propósitos y mantuvo aparte al hombre y a la mujer hasta que fue demasiado tarde. Pero sea lo que fuera, es seguro que él se esforzó demoníacamente y permaneció hasta que fue obligado a marcharse.

Relato “el Diablo y el relojero” escrito por Daniel Defoe.

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    Uf, mírame, estoy haciendo feliz a la gente. Qué bien, soy un hombre mágico del país feliz de la casa de gominola de la calle de la piruleta. — Homer Simpson

  • Estoy leyendo "esto"

    NOVELA: "El club Dumas"
    Autor: Arturo Peréz-Reverte
    Editorial: punto de lectura
    © Esta edición: 2006

    © 1993
  • Y "esto" también

    COMIC: "Batman: Haunted Knight"
    Guión: Jeph Loeb
    Dibujos: Tim Sale
    Color: Gregory Wright
    Editorial: Planeta DeAgostini
  • Escucho "esto"

    ALBUM: "Of all the things"
    Artista: Jazzanova
    © 2008 Sonar Kollektiv Records GmbH
    Verve Records